31 de agosto de 1997: Diana de Gales muere a los 36 años. Hoy se cumplen 20 años de su fallecimiento.

 

Hay otra fecha que está marcada en rojo en su calendario: el 29 de julio de 1981, cuando contrae matrimonio con el príncipe Carlos.

 

Más allá de lo mucho que se ha escrito y de las revelaciones que personas de su “confianza” han hecho a medios de comunicación… ¿qué nos revela la comunicación no verbal de Carlos y Diana, en cuanto a la relación entre ambos?

 

Podremos observar que, en muchas ocasiones, las palabras cuentan una historia, pero el rostro y el cuerpo expresan otra muy distinta.

 

ANTES DE LA BODA

 

La relación matrimonial entre Diana y Carlos pareció comenzar ya por mal camino; no lo digo yo, lo dicen ellos, sin querer, sin saberlo, pero lo dicen, solo hay que saber dónde mirar….

 

 

 

Observemos al príncipe Carlos, cuando escucha que ella “algún día va a ser reina”

 

Tiene dos reacciones faciales muy claras y llamativas: baja primero la cabeza, lo cual no transmite alegría sino más bien lo contrario, cortando el contacto visual con el entrevistador, lo que parece significar un intento mental de alejamiento e incomodidad con la pregunta; y, posteriormente, una microexpresión de desprecio muy marcada que habla por sí misma. La idea de que Diana llegara a ser un día reina no parecía agradarle lo más mínimo.

 

Veamos a continuación las dos imágenes:

 

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Claro que ella tampoco parece que irradie felicidad, nos lo indica su mirada perdida al escuchar la pregunta, mientras él retorna a su mirada descendente.

 

Se pregunta por un hecho que debería producir alegría. Son unos novios, muy poco antes de su boda, y pensando en su futuro, pero lo que observamos son emociones negativas.

 

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A continuación, escuchemos una pregunta clave, breve y muy clara:

 

¿Supongo que están enamorados?

 

 

 

 

Diana es rápida en la respuesta, lo confirma con un “por supuesto”, sonríe y parece sonrojarse un poco.

 

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Pero Carlos no da una respuesta afirmativa en ningún momento, ni siquiera con un leve asentimiento de cabeza. Llega más lejos, da una respuesta evasiva: “sea lo que sea que signifique el amor, que cada uno lo interprete como quiera” Sorprendentemente lo deja a la libre interpretación de los demás.

 

Y concluye el periodista afirmando, no preguntando: “Pero nosotros vemos a dos personas muy felices”

 

 

 

 

Ellos afirman, pero los rostros van por su lado, pudiendo ver respuestas faciales contradictorias.

 

El príncipe Carlos vuelve a bajar la mirada y, aunque menos marcada que antes, parece repetirse la microexpresión de desprecio. Ella, sin embargo, sí es más coherente y mira directamente al entrevistador y sonríe.

 

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TRAS LA BODA – EN LA LUNA DE MIEL

 

Si a este viaje de recién casados se le llama “luna de miel” se supone que será por ser romántico y dulce. Pues comprobemos la respuesta del príncipe Carlos cuando se le pregunta: “¿están pasando unas buenas vacaciones?”

 

 

 

 

Reacción: Volvemos a ver esa inmediata mirada hacia al suelo tras escuchar la pregunta y que parece asociarse a emociones negativas; posterior silencio (sorprende que tarde tanto en contestar; su mente se tiene que pensar la mejor respuesta, puede que sustituyendo la primera que le vino a la cabeza); y cuando reestablece el contacto visual con los medios responde: “más o menos sí”. Más me decanto a pensar que sus gestos contestan “más o menos no”

 

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CONCLUSIÓN

 

Este sería uno de esos casos en lo que coge toda su fuerza el aforismo que sentencia… “Lo que mal empieza, mal acaba”

En ocasiones, la comunicación no verbal rebate las declaraciones, entrevistas, publicaciones… en esta ocasión, confirma a quienes afirman que el matrimonio ya comenzó mal.

 

Tras analizar numeroso material audiovisual, mi opinión es que, a pesar de todo lo visto hasta ahora, en esos momentos inmediatamente anteriores y posteriores a la boda, el príncipe Carlos sí podía querer a Diana, aunque a su manera, pero no tanto como futura reina. Si no hubiera sido así, habríamos visto menos contacto físico de él hacia ella y mayores distancias entre ambos.

 

Diana, por su parte, parecía estar más implicada en este matrimonio y tener menos dudas, aunque sí era consciente de la menor correspondencia por parte de su marido.

 

Parece que la felicidad les pudo llegar a ambos con la separación, rehaciendo sus vidas; pero la historia de Diana, hace 20 años, escribió un punto final; aunque como en otras ocasiones ha sucedido, la muerte inesperada y en plena juventud hizo su recuerdo inmortal.