Tras los terribles atentados sufridos en Barcelona, mucho se está hablando sobre si se avisó o no a la Administración Municipal sobre la colocación de bolardos para evitar que vehículos entraran en zonas peatonales.

 

La periodista pregunta sobre los citados bolardos a la Alcaldesa de Barcelona Ada Colau. Observemos su respuesta, e insisto: “observemos”, no solo escuchemos:

 

 

Colau, lo primero que hace es decir: “agradezco que me pregunte eso”, pero si nos fijamos en su rostro y el gesto emblemático (significado por sí mismo) de su mano derecha, parecen decir lo contrario:

 

Colau bolardos

 

Esos ojos tan abiertos podrían llevarnos a dudar entre MIEDO o SORPRESA, pero nos decantamos más por la primera emoción, el miedo. La activación muscular del rostro, reflejado en el estiramiento horizontal de su boca, es una reacción involuntaria de miedo, y no de sorpresa.

 

Y si a eso sumamos su mano derecha, con un gesto típico de pedir a alguien que pare, que se detenga, que no siga, parece que la pregunta no le gustó tanto como comentó al dar su agradecimiento a la misma.

 

Además, es interesante que nos fijemos en lo que hace con sus manos cuando escucha por dónde va la pregunta: no las deja paradas, ser las frota repetidamente una con otra, un gesto automanipulador de nerviosismo y descarga de tensión nerviosa.

 

Y su respuesta, a pesar de decir que es “radicalmente falso”, no lo parece tanto, por dos motivos principalmente: por una parte, la utilización del “radicalmente”, es un refuerzo de credibilidad que se suele utilizar por quien no confía mucho en la palabra que menciona a continuación; y por otra, porque ella misma reconoce que sí existía esa “recomendación”, aunque la califica como “genérica”.

 

No obstante, sí que se la advierte convencida cuando afirma que el atentado terrorista sería inevitable, si no fuera en Las Ramblas, en cualquier otro lugar de la ciudad. Su gestualidad es coherente con el mensaje que transmite, lo que denota sinceridad.

 

En conclusión, parece temer las referencias a los bolardos, pero también piensa que no habrían servido de nada, pues solo cambiaríamos el nombre a las víctimas.