LA DESCONFIANZA ES LA CONSECUENCIA DE UNA MALA COMUNICACIÓN

Ya llevamos más de un año conviviendo con un virus asesino que no hace caso de los comunicados oficiales. Si le hubieran influido no tendríamos casi casos en España o ya habríamos vuelto a la “nueva normalidad”.

Los ciudadanos, en su mayoría, nos fijamos en las pautas que nos marcan los referentes desde el poder, más aún en una pandemia. Los que mandan, pensamos, seguro que saben más que nosotros porque están mejor informados, más en contacto con quienes conocen el virus, sus consecuencias, su evolución y cómo combatirlo.

Pero… ¿qué ocurre cuando los gobernados son defraudados por informaciones gravemente erróneas o contradictorias y dejan de confiar en quienes les gobiernan?

Explota la desconfianza y los comportamientos individuales más favorables para la expansión del virus se multiplican.

¿Cómo reacciona una persona a quien le dicen sus referentes en el poder lo siguiente?:

Declaraciones de Fernando Simón:

  • “España no va a tener como mucho más allá de algún caso diagnosticado”. Llevamos en torno a los 100.000 fallecimientos solo en España.
  • Del “No es necesario que la población utilice mascarillas” a “el uso de mascarillas es una medida muy importante”.
  • Cepa británica: “caso de tener algún impacto será marginal”. Ya hay comunidades autónomas con más de un 75% de la citada cepa.
Fuente: Antena3 Noticias

Declaraciones de Pedro Sánchez:

  • Hemos vencido al virus
  • Hay que salir a la calle, hay que disfrutar de la nueva normalidad recuperada
  • Hemos derrotado al virus y controlado la pandemia
Fuente: El Mundo

El ciudadano escucha estas declaraciones se confía y se relaja. Con ello, es más fácil que se contagie y, a su vez, lo haga él al resto. Y a pesar de escuchar después lo contrario, ya no sabe a qué atenerse y desconfía de lo que escucha pues no sabe si al día siguiente le dirán lo contrario.

Lo que se dice trae sus consecuencias. Más aún cuando quien lo hace se le presupone estar mejor informado. Las palabras nunca regresan vacías.

Las equivocaciones son normales, sobre todo cuando se trabaja en una situación desconocida y de una urgencia vital como es una pandemia. Por ello, no trato de buscar culpables sino soluciones enfocadas en mi campo de trabajo: la comunicación.

Deberíamos aprender de nuestros errores, creo que la confianza en quien ha sido la imagen pública de los comunicados oficiales en la lucha contra el virus, Fernando Simón, está gravemente erosionada y resulta necesario un cambio de cara a la de alguien con una cualificación profesional contrastada que ofrezca una comunicación:

  • Clara. Para que todos la entendamos.
  • Oportuna. Se debe de ofrecer en su momento. No es necesario salir a diario si no hay nada nuevo que contar. Cuando haya suficientes elementos de juicio fiables y contrastados para informar se hace.
  • Respaldada. Que no parezcan opiniones sino conclusiones. Y que se informe de dónde se obtienen las mismas, datos y fuentes de confianza.

Hay que volver a conquistar la confianza. En una situación como la actual, lo importante no es la ideología, ni la oportunidad política, ni ganar unas elecciones. Lo importante es no perder más vidas, o para que los políticos lo entiendan mejor: no perder más votantes.

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