¿MIENTE MEGHAN MARKLE?

Esta es la pregunta que más se ha repetido desde que ella, junto a su marido el príncipe Harry, concedieron una entrevista a la periodista Oprah Winfrey en la que, principalmente Meghan dio unas informaciones que han sido todo un huracán para la casa real británica: que llegó a pensar en el suicidio por el trato recibido, que pudieron existir alusiones racistas, que les dejarían sin seguridad…

La opinión pública se ha polarizado entre quienes la defienden a ella y quienes lo hacen con la familia real.

Comencemos por hacer cuatro importantes consideraciones previas:

  1. ¿QUÉ ES LA MENTIRA? Me remito a cómo se define por la Real Academia Española en su Diccionario de la lengua española: “Expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se piensa o se siente”.
  2. LA VERDAD ES, EN LA MAYORÍA DE LAS OCASIONES, MUY SUBJETIVA. Dos personas pueden ver o vivir un mismo suceso y dar diferentes versiones, sobre todo si les ha afectado a ellos mismos como protagonistas. Creo que, en realidad, cuando alguien cuenta la verdad, ésta suele ser incompleta.
  3. LOS PREJUICIOS CONTAMINAN EL BUEN JUICIO. Quienes hayan visto la entrevista es muy fácil que sus conclusiones sean coincidentes con la percepción que ya tenían antes de que empezase sobre cada protagonista. A nuestro cerebro no le gusta llevarse la contraria.
  4. MEGHAN MARKLE ES ACTRIZ DE PROFESIÓN. Este detalle resulta de gran valor en mi análisis.

Pasemos sin más demora al análisis de la entrevista. Dado que dura casi dos horas, me centraré en esos momentos claves que ya he adelantado:

COMODIDAD Y SEGURIDAD. Meghan, por regla general, se ha sentido cómoda durante la entrevista, teniendo incluso sus piernas estiradas en los momentos de mayor tensión, algo que no suele suceder cuando se miente, ya que, quien lo hace, suele tener la tendencia a ocupar menos espacio.

AFLORA LA INQUIETUD. Cuando ella afirma que en la casa real británica estaban preocupados por cómo de oscuro sería su bebé y la entrevistadora le pide más información sobre ello, Meghan, además de no querer hablar sobre ello y guardar un prolongado silencio, se recoloca en el asiento y se toca repetidamente su vestido. Nos encontramos con un comportamiento propio de nerviosismo y estrés que el cerebro trata de aliviar a través del contacto físico. Se le está pidiendo que concrete sus acusaciones y parece claro que ha venido con la idea de no hacerlo, lo cual le desestabiliza.

LAS EMOCIONES EN EL ROSTRO DE MEGHAN EN LOS MOMENTOS CLAVE. Aunque son muy sutiles, las que más he advertido son tristeza y vergüenza. Ahora bien, es importante destacar que esa tristeza ha sido en forma de microexpresión, esto es, una emoción que activa los músculos faciales durante menos de un segundo. Se suelen producir cuando la persona trata de contener la emoción, no de expresarla abiertamente.

En este punto es donde resulta tan importante su profesión: actriz. Lo que significa que, si hubiera ido a la entrevista con ánimo de dar pena y que la opinión pública la viera claramente como una víctima, su tristeza habría sido muy clara, ella sabe, sin duda, poner una cara de tristeza perfecta si así lo pretende. Pues bien, todo lo contrario.

Uno de los momentos en que he visto la mencionada tristeza en su rostro ha sido cuando contó que, mientras estaba teniendo pensamientos suicidas, acudió a “la institución” (casa real británica) a pedir ayuda y le dijeron que no hiciera nada.

Y uno de los instantes de vergüenza fue cuando se refirió al tema del color de piel del bebé, donde vemos como Meghan no puede mantener la mirada de Oprah y la baja, algo asociado a la citada vergüenza, tristeza o incluso sentimiento personal de culpa. También baja su mirada al decir que, en aquellos momentos, no quería seguir viviendo.

APARECE LA IRA. Aunque no ha sido tampoco clara la exteriorización de esta emoción, nuevamente he visto microexpresiones de la misma. No olvidemos, que esas activaciones musculares en el rostro son automáticas, no podemos controlarlas a voluntad. Las he advertido cuando le han preguntado por su cuñada Kate Middleton y si ella la hizo llorar. Meghan responde que fue al contrario, y aquí se aprecia como sus cejas se colocan en V rápidamente, la señal, en este contexto, del enfado interior.

Aunque cuando más ira reflejó, y repetidamente, ha sido al centrarse en el tema del hijo que iba a tener y que no sería tratado por la familia real británica como ella esperaba, por ejemplo, en el tema de la seguridad.

LA INTERVENCIÓN DE HARRY. Es más expresivo que su mujer, gesticula mucho con sus manos para enfatizar lo que va contando, algo asociado a que la persona cree en aquello que afirma. He visto una clara microexpresión de desprecio al decir que tanto su hermano como su padre están atrapados por la propia institución. Algo que se podría interpretar en un doble sentido: como que ellos no han tenido la suficiente fortaleza de carácter para hacer lo que él sí ha hecho y, también, como un rechazo claro a la figura de la propia institución de la casa real británica. Como vemos, ambas posibilidades no son incompatibles.

LA RELACION HARRY/MEGHAN. Han mantenido contacto físico prolongado en bastantes momentos, cogiendo uno la mano del otro, han tenido muchas miradas directas, uno asentía cuando el otro hablaba, incluso sus posturas eran muy parecidas en diversos momentos. Todo ello nos dice que, durante la entrevista, entre ambos existió mucha sintonía.

EN CONCLUSIÓN

Tanto Meghan como Harry me han transmitido credibilidad. No afirmo que sea verdad lo que cuentan, ya que como al comienzo he indicado, la verdad es muy subjetiva y suele ser incompleta cuando solo hay una perspectiva; pero sí parece que cuentan aquello que ellos creen que sucedió y sus emociones son auténticas. Reitero que ser actriz le da un plus de veracidad al no reflejar sus emociones con claridad, lo que le hubiera sido muy fácil de hacer si lo hubiera pretendido, sino todo lo contrario.

También hay que decir que Meghan ha controlado bien la entrevista en cuanto a lo que quería y no quería contar, dado que decidió no hacer acusaciones directas a personas concretas y no lo hizo.

Y la entrevistadora, Oprah Winfrey ha sido muy expresiva, con un gesto de freno con sus manos cuando no le gustaba lo que escuchaba. No ha tratado de controlar sus emociones, que han sido muy claras, sobre todo cuando escucha la referencia al color del bebé y el problema que eso podía suponer para la familia real británica en que su rostro transmite asco; como cuando le desvelan que el matrimonio espera una niña y abre mucho la boca y sus ojos en una clara muestra de sorpresa.

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