AYUSO – MILEI: ¡QUE CORRA EL AIRE!

Se han reunido Isabel Díaz Ayuso Y Javier Milei. Os reconozco que me he divertido bastante analizando el momento.

La llegada de Milei ha sido apoteósica, y me quedo corto.

Observar ese momento y os cuento cómo creo que se ha sentido Ayuso:

Creo que se ha visto avasallada y me baso en lo siguiente:

1 – Le ve llegar con los brazos abiertos con intención de darle un abrazo de los que dejan huella. Ella, al comienzo, se queda como paralizada. Es como si pensara: “¡Madre mía, que viene sin frenos!”

2 – Él le da un buen abrazo con sus dos brazos rodeando su cuerpo, mientras ella responde con unas palmaditas en la espalda. No hay la misma respuesta, no existe reciprocidad comunicativa y afectuosa. Volviendo a jugar con sus pensamientos: “¡A ver si las palmaditas funcionan como botón de apagado!”

3 – Una vez que Ayuso consigue separarse un poco, trata de retroceder, de escapar, pero él le mantiene las manos cogidas. Incluso baja la mirada para tratar de desconectar un poco de tanta intensidad afectiva. “¡Un pasito atrás y que no cunda el pánico!”

4 – Todos los humanos tenemos, al menos, un gesto de liberación de estrés que se advierte por el contacto físico (gesto apaciguador), el que tengo muy estudiado en Ayuso es remangarse, como vemos que hace también en esta ocasión. “¡Qué agotador puede ser el cariño internacional!”

5 – Cuando ya están dentro de la estancia con más personas, fijémonos como ella, a pesar de estar hablando con él, casi le da la espalda. “¡No es que te dé la espalda, Javier, es que estoy ampliando horizontes!”

6 – Y cuando vuelven a hablar frente a frente, la posición corporal de Ayuso es muy contenida con sus brazos a la espalda. Parece que su rostro quiere transmitir atención y escucha, mientras su cuerpo mantiene las distancias. Y, en este caso, mi pensamiento imaginario es “¡Mientras tenga las manos detrás, no hay otro abrazo!”

MI CONCLUSIÓN

Ni mucho menos es que a Ayuso le caiga mal Milei. Simplemente, parece que tienen distintas maneras de expresar el afecto y las relaciones sociales.

Y es que hay personas que te dan un abrazo y otras que te hacen sentir que has firmado un contrato de permanencia.

A veces, el exceso de cariño también puede resultar abrumador.

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