Se han contado primero los días, luego las horas y después los minutos que faltaban para el discurso de Carles Puigdemon en el Parlamento de Cataluña. Todos nos preguntábamos: ¿independencia ya? ¿independencia diferida? ¿nuevas elecciones? …

 

Pues bien, tras escucharle, las interpretaciones abarcan todas las posibilidades. Dejemos a los analistas políticos el duro trabajo de esta labor, y vayamos nosotros al campo de la comunicación, más específicamente en el terreno de lo no verbal, lo que nos expresó con su rostro y su cuerpo, siempre más fiable que las palabras:

 

1) PROFUNDA REPRESIÓN. Comencemos con un gesto facial que ha repetido en diversas ocasiones del discurso: absorbe o aprieta sus labios. Hacemos este gesto cuando tratamos de reprimir alguna emoción o una idea… y nos intentamos frenar a nosotros mismos. Destacamos los siguientes momentos claves:

 

— Antes de pronunciar el discurso, cuando sentado en su escaño parlamentario lo está releyendo, en el que le vimos varias muestras de desasosiego.

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— Cuando pide diálogo y empatía para solucionar la situación actual.

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— Hemos conseguido lo que nos comprometimos a hacer (refiriéndose al referéndum)

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— Al pedir resolver de manera acordada respetando la voluntad de los ciudadanos, POR NOSOTROS NO QUEDARÁ

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2) DE LA CONVICCIÓN A LA DECEPCIÓN. Destaca el contraste de gestualidad y, en consecuencia, de compromiso personal y convicción, cuando trata de las consecuencias del intento de referéndum de noviembre hacia cargos públicos (inhabilitaciones, multas…), que gesticula abiertamente; en contraste con el momento clave cuando habla de la independencia de Cataluña y su posterior suspensión, que se congela corporalmente en lo que se interpreta como extraordinario esfuerzo mental en lo que se dice y falta de confianza.

 

3) NO HAY ALEGRÍA. Es muy importante estar atentos a la dirección de la mirada cuando concreta el mandato del pueblo de que Cataluña sea un Estado independiente en forma de República.- Esperaríamos ver alegría, y confianza en forma de mirada alta, incluso cierto orgullo por lo logrado, que la veríamos por su barbilla alta. Pero lo que advertimos es lo contrario: cabeza y mirada baja, asociadas a la tristeza y la decepción.

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4) INCOMODIDAD. La reacción de la portavoz de la CUP, Anna Gabriel, es llamativa también: al hablarse de la independencia y la república no aplaude e incluso mantiene una postura de medio lado asociada a incomodidad.

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5) ÁNIMO! Es importante ver las reacciones de sus compañeros de filas, tanto antes como sobre todo después del mensaje: palmadas en el brazo, hombro o espalda en muestras de consuelo y ánimo. Acompañados con rostros tristes, miradas bajas y labios apretados que ya hemos estudiado su significado.

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6) COMPLICIDAD. Se ha comentado mucho lo que se podrían estar diciendo Carles Puigdemon y Artur Màs al concluir la sesión. Desconocemos el contenido, como es lógico, pero sus miradas directas, posiciones corporales uno hacia el otro en todo momento, expresiones faciales sin tensión, parece que la conversación era distendida y si tuviéramos que resumir en una sola palabra lo visto sería: COMPLICIDAD.

 

7) ¿DÓNDE ESTÁ LA ILUSIÓN DE UN NUEVO PROYECTO? La firma final del documento “de intenciones” (no sé bien como calificarlo) fue de una frialdad y decepción por sus protagonistas absolutos. Veamos las miradas perdidas y sin el más mínimo reflejo de alegría.

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En conclusión, si tuviéramos que resumir el comportamiento no verbal del sector independentista tras el discurso de Carles Puigdemon fue el de la imagen de la derrota. Me recordó inmediatamente mis análisis de estos últimos años de las noches electorales cuando, quienes han perdido en las urnas, salen a dar su interpretación de los resultados electorales. Y lo mismo podríamos decir de las personas que aguardaban el ansiado momento.

 

No obstante, estoy plenamente convencido que este análisis podemos cerrarlo con una palabra:

CONTINUARÁ…