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Llegó la Navidad, una época del año repleta de tradiciones, una de ellas es la Felicitación de Navidad de la Casa Real.

 

A continuación, analizamos la imagen, seguramente bien calculada y poco improvisada. Eso sí, es posible que se haya querido dar la sensación contraria, pues el marco en el que los protagonistas se encuentran parece vegetación salvaje o poco cuidada, es decir, como si fuera una foto de familia durante un paseo por el campo.

 

En cualquier caso, ya centrándonos en la foto de la Familia Real, advertimos que está repleta de señales positivas a nivel comunicativo, parece querer darnos 3 mensajes:

 

  • ESTAMOS CONTIGO. Miradas directas hacia el fotógrafo y, en consecuencia, hacia nosotros que observamos la fotografía; lo que siempre produce un mayor acercamiento. Pocas cosas reclaman más la atención de nuestro cerebro que unos ojos que nos miran. Pues bien, aquí tenemos a todos sus protagonistas, salvo a la Princesa Leonor que parece atenta a un lugar diferente.

  • ESTAMOS FELICES. Todos los protagonistas muestran la emoción de alegría en sus rostros, una sonrisa abierta, siendo la más evidente la del Rey Felipe, en quien vemos claramente las arruguitas que se crean en los laterales de sus ojos (por activación del músculo de la felicidad: el “orbicular oculis”), lo cual tiene también el efecto positivo de contagiarnos su alegría, pues estamos diseñados, para que, en general, sintamos las emociones que observamos, a través de la activación de nuestras neuronas espejo.

  • ESTAMOS UNIDOS. No existe separación entre los miembros de la Familia Real. Incluso advertimos algo más: mucho contacto físico: por una parte, las manos cogidas entre el Rey Felipe y su hija la Princesa Leonor; y por otra, la Infanta Sofía sentada sobre su madre que la coge firmemente por la cintura y une su cabeza a la suya. La reina Letizia es una persona que siempre comunica mucho a través del tacto, parece necesitar el contacto físico con quienes quiere.

En conclusión, una foto de la Familia Real relajada, que transmite alegría y cariño en cada centímetro de imagen.

 

A continuación, mi colaboradora Rocío Martsal, experta en imagen personal nos dará su siempre interesante análisis sobre la comunicación de la Familia Real a través de la imagen que proyectan:

 

Es la imagen de una estampa navideña pura, muy natural y cercana. Son una familia joven y  contemporánea. Los peinados de las niñas sin elaborar y el escaso maquillaje de la reina, aportan naturalidad y desahogo.

 

El vestuario es de calle, sencillo y plenamente invernal: cómodo, cálido y acogedor. El rey con un estilo “vestir casual”, combina muy acertadamente una americana de lana jaspeada con una corbata de tejido rústico muy a la moda, y unos pantalones informales. La princesa Leonor pone el punto más divertido con un jersey de grecas típicamente navideño, y su hermana más formal con un correcto conjunto invernal. La reina con americana también de lana, aparece como la más neutra, con un jersey que estiliza su cuello y unos vaqueros lavados.

 

Colores neutros: cremas, grises, negros… refuerzan la facilidad de lectura de la imagen. Han querido darle relevancia al color burdeos, que trasmite fuerza, riqueza y belleza inconsciente. Este color profundo unifica premeditadamente las figuras de la reina y su hija pequeña, con la corbata del rey. La princesa Leonor se queda un poco descolgada de este enlace, y destaca por el color amarillo de los renos de su jersey, que reafirma un punto más enérgico y jovial en su ropa, una primera mirada nos conduce a ella.

 

Toda la imagen consigue una sensación de espontaneidad y sencillez aunque, como apunta José Luis, muy bien calculada.

 

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