Pablo Iglesias y la fuerza de las emociones

 

            Si cerramos los ojos y dejamos que nos venga a la mente una imagen de Pablo Iglesias, será enfadado, riendo o llorando. Esta actitud le diferencia de sus rivales políticos. Pocas veces le vemos con un rostro indiferente.

 

       Las emociones se contagian. Lo consiguen las neuronas espejo que tenemos en nuestros cerebros. Nos hacen sentir como el que vemos frente a nosotros, es una respuesta primitiva que nos ha permitido la supervivencia como especie.

 

          En mis clases lo compruebo siempre: según voy mostrando imágenes de rostros felices, tristes, enfadados… los alumnos, en una respuesta automática, los reflejan.

 

         Nos aproximamos a esa persona, empatizamos, relajamos nuestras defensas e incluso nuestro espíritu crítico. Con ello…  resultamos más fáciles de convencer.

 

Los grandes líderes no hablan con cifras y estadísticas; conmueven y hacen sentir. Es el idioma de la persuasión.