En mi condición de abogado, que he preparado miles de interrogatorios judiciales, y como experto en análisis del comportamiento no verbal, he seguido con gran interés la declaración de la Infanta Cristina en el juicio referido al caso Nóos.

La estrategia diseñada por la defensa de la Infanta ha sido brillante:

 

  1. Solo ha respondido a las preguntas de su propio abogado.

    Elimina así el peligro de que un buen interrogatorio de la acusación pueda, en su caso, rodear a la declarante sin posibilidad de escape o lograr que se produzcan contradicciones consigo misma, con declaraciones de su marido o de otros acusados.

  1. Las emociones en el rostro de la Infanta han brillado, pero por su ausencia.

    Se me ocurren al menos 3 posibilidades para que ello se produzca:

  • Que el momento no conlleva carga emocional (lo descarto dado que el paso por un tribunal desequilibra a cualquiera).
  • Haber tomado medicación para calmar los nervios (es probable).
  • La repetición una y otra vez antes del juicio de cada pregunta-respuesta, lo que convierte al protagonista en casi un autómata (es prácticamente seguro).
  1. Las preguntas han sido diseñadas para ser respondidas con el mínimo número de palabras posibles.

    Valía un simple SI o NO. En general, cuanto más se hable, mayor posibilidad de error o de dar más información de la deseada.

  1. La Infanta Cristina se ha mantenido en todo momento alerta.

    A pesar de lo preparado que parecía estar su interrogatorio. Esto se puede apreciar en las arrugas horizontales en su frente al responder, propias de un esfuerzo mental de concentración; así como al advertir uno de los poco lapsus que tuvo su abogado, en concreto cuando le pregunta a la Infanta en qué personas “confía”, a lo que ella le corrige el tiempo verbal, diciendo: “confiaba”.

  1. Cada acto, cada firma y cada decisión comprometida, la Infanta los carga sobre la espalda de su marido.

    Este proceder me induce a pensar que pueden dar por hecho que Iñaki Urdangarín será condenado, por lo que ambos están intentando que cualquier responsabilidad penal la asuma en su integridad él y nunca ella. Me recuerda, aunque los delitos sean totalmente diferentes, el caso del Crimen de Isabel Carrasco, donde la madre sabe que va a ser condenada, e intenta cargar con todas las culpas para que su hija quede en libertad.

La declaración de la Infanta se ha caracterizado por su buena preparación, poca espontaneidad y la limitación al máximo de los riesgos que conllevan los imprevistos. Todo esto hace que el análisis de su comportamiento no verbal quede muy limitado, si bien, como hemos comprobado, tan importante es lo que se ve como la ausencia de lo que cabría esperar.