Dolor-y-cerebro

Ya sabemos que cuando sentimos miedo, alegría, tristeza, enfado o cualquiera de nuestras emociones básicas, los seres humanos siempre las exteriorizamos del mismo modo, es la forma que hemos tenido a lo largo de nuestra existencia para comunicar como nos encontrábamos, mucho antes de que pudiéramos pronunciar las primeras palabras.

Pero lo que muchas personas desconocen es que cuando esas expresiones faciales, gestos, posturas… que asociamos a una emoción las “forzamos” en nuestro comportamiento, “engañamos” a nuestro cerebro para que pueda sentirlas como si él mismo las hubiera creado de manera automática.

Lo que os acabo de expresar me recuerda la frase del brillante profesor de psicología en la Universidad de Harvard William James:

“El pájaro no canta porque es feliz, es feliz porque canta”.